Wednesday, February 7, 2007

34 BAJO CERO

Si ustedes no han experimentado nunca la sensacion de caminar a 34 grados centigrados bajo cero, por favor, llamenme. Yo los invito a pasear por Chicago en una noche de febrero, con seis capas de ropa, dos de calcetines, calzoncillos cortos y largos, una capucha acolchada y botas para la nieve. Disfrutaran ustedes de la interesantisima experiencia de sentir como sus senos (nasales) se congelan como si les hubiesen a ustedes clavado un carambano hasta el hipotalamo. Notaran, tal vez, que sus globos oculares se han transformado en dos huevos duros por los que los parpados patinan al ritmo de Xanadu, se encuentran brevemente el uno al otro y, rapidamente, vuelven a subir antes de quedarse permanentemente pegados por una fina pero adhesiva linea hecha de lagrimas congeladas. Veran como sus botas van acumulando una fina capa de escarcha primero, que se convertira en una segunda piel de hielo en unos minutos. Y si verdaderamente desean vivir el momento, dejense, como un servidor, los guantes en casa, y caminen con dos bolsas de la compra en cada mano, notando como cada dedo pasa del estado frostnip (hormigueo) al estado forstbite (pregangrena). Convendran conmigo en que es un lujo vivir en un lugar donde los distintos estadios de congelacion del cuerpo humano tiene su propia palabara en el vocabulario popular. Si tocan ustedes el piano o son aficionados a la mecanografia, por favor parense en frostbite y no avancen al siguiente estadio. Para entender mejor de lo que estoy hablando, leanse "La mujer del viajero del tiempo" de Audrey Nieffeneger. la senora Niffenegger no solo escribe divinamente, sino que vive en esta ciudad helada.
Y, como les digo, no olviden visitarme en invierno para deslizarse por la piel de esta pantera blanca llamada Chicago.
Veran que gusto.

1 comment:

tete said...

Todo ese tonito...!!!! Cuanto lo he echado de menos...!!! Y recordar que nos escalabrabamos con la lluvia de Santiago (por lo menos yo), que convertia nuestro paraguas en un murcielago moribundo arrojado con furia contra una esquina del Obradoiro. Toda esa nieve, la imposibilidad de caminar, no sera una carcajada del destino cuando te/nos reiamos de Fleishman? Porque en mi microclima particular de Sebastopol, el viento arrecia como si estuviese ido, ido del todo, violentamente furioso contra el mar, tal vez, contra la proliferacion de los eucaliptos, tal vez.
Tu tienes tu nieve y tu jacaranda tenebrosa. Yo tengo mi viento y mi proxima locura transitoria.
Besos, mi Gachan.