Tuesday, January 16, 2007

MR. VISHNU EN CHICAGO (Fragmento)

[...] Una gruesa capa de hielo sucio y translucido cubre las aceras. Es difícil mantener el equilibrio a paso ligero, mucho mas correr. El extraño se aproxima, y no hay nadie más en la calle. Sudo, notando las gotas deslizándose por mi espalda y el vello entre mis nalgas húmedo. Oigo el ruido romo, rasposo, de sus pasos detrás de mí. Cada zancada me acerca un poco mas a la estación de metro, pero de nuevo, es difícil mantener un ritmo constante con esa puta capa de hielo, resbaladiza, traidora, retorciéndose bajo mis suelas. Una de mis botas se desliza hacia la derecha y me arrastra tras ella. Agito los brazos dos veces, aleteando. No me caigo todavía. Deseo que el extraño se caiga de bruces detrás de mi, pero sus pasos se notan rítmicos y seguros. Un paso, otro paso, deprisa, uno más. Tan rápido y tan despacio, como una carrera a cámara lenta. El extraño se siente cada vez más cercano. Mis latidos me rebotan en el esternón como latigazos, en un eco oscuro de vísceras colgadas. Otro paso, otro paso, más rápido. Cada segundo es la predicción del resbalón final, absoluto. Quizás de espaldas, de manera que mi última imagen será la cara vuelta del extraño. O bien de narices, el peso de sus botas sobre mi nuca, clavándome el tacón en el cuello. Otro paso, otro paso, otro paso, otro paso. Nunca llegare a la estación, nunca. Mi aliento empaña los cristales de mis gafas y las pocas farolas encendidas y los semáforos son ahora un borrón de luces. Voy a cruzar la calle y a enfilar por un callejón. Eso lo desconcertara. Y si me sigue, esa será la prueba definitiva de que viene a por mi. Esta vez de verdad, cargado de intención. Allá voy. Salto a la calle, cruzo al oto lado, doblo la esquina y me meto entre dos edificios, en un callejón tan helado o mas que la acera. Hay una ardilla muerta tirada en un charco de hielo derretido. Camino tan deprisa como puedo, las manos en los bolsillos del abrigo, la bufanda húmeda de sudor y exhalaciones. No oigo sus pasos ya. Lo imagino mirándome desde la entrada del callejón, dejándome ir. O quizás no fuese mas que otra de mis paranoias. No me relajo aun. Sigo andando deprisa hacia el final del callejón. Un sofá de falso cuero abandonado. Basura. Postes del tendido eléctrico. Deprisa, deprisa, cada nuevo paso otra distancia separándome del monstruo. El aire es irrespirable. Sigo avanzando hacia la próxima calle. Entonces lo veo. De alguna manera ha entrado por el extremo opuesto del callejón y camina hacia mi de frente, muy deprisa, muy seguro. Se me para la sangre, se me entumece la mitad derecha de la espalda. No puedo cambiar de rumbo otra vez, no hay escapatoria. Sigo caminando hacia delante, clavando mis ojos en su cara, pero la luz le da por detrás y no puedo distinguirla. Esta claro que es un hombre de unos dos metros de altura. Ahora lo veo mas claramente, a la luz amarilla que se cuela por una ventana. Tiene la cara azul. Hace tanto frío. Tiene la cara azul. [...]

(c) 2007 RRC, Ink.

1 comment:

tete said...

Necesito mas. No solo un fragmento.
PLEASE.

Besos, Guru.